Las recientes liberaciones de secuestrados por parte de las FARC y las reacciones encontradas que estos acontecimientos producen, son un síntoma de la gravedad de nuestros problemas.
Por ejemplo, no siempre se acepta que el drama de los secuestrados y sus familias es el asunto que debería concentrar los esfuerzos de la sociedad y el Estado en su relación con un actor como las FARC. Dicho drama se torna a veces en "pretexto" de los bandos interesados en la contienda, lo que hace que el tema que concita las miradas no sea el de atender urgentemente a este "dolor", sino el "quién y qué gana" o "qué se pierde" en el desarrollo de esta tarea. Por eso, la atención se centra en los victimarios, en las actitudes del gobierno o en el papel de los mediadores locales o extranjeros, pretextando –pero sin poner realmente en el centro- la grave situación de quienes son tristemente protagonistas.
Otra dimensión de la problemática se revela en la manera en que los medios de comunicación producen las noticias acerca de estos acontecimientos. En el centro de la escena pareciera estar el mediador y no la víctima y cuando ésta aparece se la atosiga de tal manera que su dolor se convierte en espectáculo, su experiencia comienza a ser parte de otro "reality show" y de una representación muy fragmentaria, que solo deja percibir retazos de una problemática compleja. A los medios les falta valor y discreción para lograr que esa experiencia dolorosa fluya por sus canales -es su compromiso con la historia- sin la "trivialización" que producen las preguntas morbosas o mal formuladas. Corregirse en este aspecto es tal vez el reto más formidable que enfrentan los comunicadores que trabajan en escenarios tan conflictivos como el nuestro.
Por eso, y a pesar de la importante intervención de personas como la senadora Piedad Córdoba, el presidente venezolano Hugo Chávez y los facilitadores internacionales, no debería olvidarse que ellos son mediadores y que los protagonistas, con quienes se debería reconstruir los fragmentos de esta historia, son aquellos que han pasado días largos y noches aun más interminables en la selva y quienes aun no ven concluida su tragedia.
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