Con una participación del 49,24% de los ciudadanos habilitados para votar, se cumplió el domingo 30 de mayo la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. Como ya se ha difundido, el candidato Juan Manuel Santos obtuvo el apoyo de 6.758.539 votantes que representan 46,56% de los votos válidos, seguido por Antanas Mockus con 3.120.716 electores, es decir, el 21,49% de los sufragantes. También tuvieron buena figuración Germán Vargas Lleras (10,13%), Gustavo Petro (9,15%). Mientras que los más rezagados fueron Noemí Sanín (6,14%) y Rafael Pardo (4,38%). Los dos primeros candidatos disputaran una segunda vuelta prevista para el próximo 20 de Junio. A ella llegan con el capital político cosechado en la primera ronda y con la expectativa de cómo se moverán líderes políticos y ciudadanos, para confirmar la tendencia ya mostrada o para revertir este resultado.
¿Qué puede decirse de los resultados? Primero, la campaña de Juan Manuel Santos funcionó como una “maquinita”, y el apoyo que conquistó evidencia la eficacia de la combinación de estrategias: el llamado insistente del presidente Uribe a proteger su “legado” con la imagen pegajosa y ridícula de la “gallinita doña rumbo”; la movilización de importantes sectores sociales a través de redes religiosas, de favores y subsidios; el efecto de erosivo de la campaña de Santos sobre las candidaturas conservadora y liberal, de las que se arrastró apoyos significativos que se aglutinaron con la idea de poner tantos votos como fuera posible para liquidar la competencia en primera vuelta. No lo lograron y ahí tal vez esté el lunar de una campaña por lo demás exitosa.
Segundo, la imagen de Mockus tiene en la opinión pública y en el voto joven su principal fortaleza pero su también la mayor fuente de riesgo. De manera jocosa pero ilustrativa algunos reportaban los resultados de las elecciones diciendo que “el candidato Verde gana en los departamentos de Twiter y Facebook y en el resto del país gana Santos”. El chascarrillo guarda su verdad: para ganar elecciones nacionales se requiere algo más que tener muchos apoyos en internet –cosa que de todos modos no es insignificante-, se necesita movilizar eficazmente sectores sociales y políticos que refrenden y garanticen sumar en todo el país y que contrarresten el poderío de redes políticas muy disciplinadas. Un factor crítico es que a pesar de que la campaña cumplió el objetivo de pasar a segunda vuelta, la manera como los medios de comunicación cubren los resultados muestran a Mockus como el derrotado de la jordana. La cuestión es imprecisa, pero puede constituirse en una de esas “verdades construidas” que se vuelven irrefutables por la fuerza de la reiteración.
Tercero, los lugares conquistados por Vargas Lleras y Petro, ponen en evidencia la capacidad de trabajo de otras fuerzas políticas con líderes capacitados, cuya figuración en los debates televisivos fue excelente y que se jugaban su prestigio hacia el futuro, obteniendo resultados significativos en contra de todo pronóstico. Tales resultados tienen efectos a corto y largo plazo. En el corto plazo, constituyen el fiel de la balanza de la jornada del 20 de junio. Mientras que en el largo plazo, puede leerse como un capital para consolidar posiciones en el espectro político con miras a futuras elecciones. Es razonable pensar que la manera como resuelvan el tema de los apoyos actuales definirá su lugar y sus posibilidades en certámenes electorales futuros.
Cuarto, las candidaturas liberal y conservadora fueron molidas por la capacidad erosiva de Juan Manuel Santos. Las redes regionales liberales y conservadores son muy pragmáticas, suelen cooperar fácilmente con quien se perfila como ganador y esta vez lo hicieron –no siempre públicamente- desde la primera vuelta. Obviamente, este deslizamiento tiene efectos terribles sobre la figura misma de los partidos tradicionales, quienes pasaron a ser peones de fuerzas más poderosas y aglutinantes. Sus líderes más opacos no pierden porque obtienen el favor burocrático del ganador, pero su imagen y aquellos sectores que han hecho mayores esfuerzos por recuperar programáticamente a estos partidos quedan realmente en circunstancias difíciles.
¿Cómo puede interpretarse lo sucedido con miras a la segunda vuelta?
1. Es indudable que Santos lleva la delantera. Su fortaleza consiste en que en segunda vuelta sus apoyos actuales no le fallarán: su voto es consistente –amarrado en la terminología más tradicional- y constituye un factor de arrastre tanto de aquellos que no tienen una posición muy clara frente a lo que significa la continuidad de la política uribista en las actuales circunstancias del país como de las maquinarias partidistas que se mantuvieron firmes con sus respectivos candidatos en primera vuelta. Pero como en toda carrera, defender el primer lugar mientras se siga corriendo requiere esfuerzos y resulta riesgoso. Para seguir sumando, su estrategia consiste en superar aquellos factores de resistencia que hacen que su candidatura genere también un voto en contra más o menos fuerte y estable. Su llamado a la unidad nacional es la expresión de esta estrategia, con la idea de borrar la representación que lo muestra como simplemente más de lo mismo, ocho años más de uribismo. En todo caso, no es razonable pensar que por ser el primero suma automáticamente: sectores de opinión del partido liberal, el ala galanista de Cambio Radical y acaso también el ala pastranista del partido conservador, no se sienten muy cómodos con su nombre y con sus estrategias. Como otros sectores, ven un riesgo en esta candidatura en relación con el deterioro de las instituciones políticas, lo que hace que su cooptación sea difícil y costosa. Un factor más que debe tenerse en cuenta, es que habiéndole funcionado en esta jornada el llamado a “ganar en primera vuelta”, también esto muestra un “techo” para su aspiración, que hace previsible que sus apoyos en segunda vuelta crezcan pero de manera un poco más moderada.
2. En el caso de Antanas Mockus la cosa es más difícil, pero los resultados siguen abiertos. Tiene que trazar una estrategia que lo coloque no como el derrotado de la contienda sino como alguien que puede aglutinar el inconformismo con el actual estilo de gobierno. Debe mostrarse capaz de darle continuidad a los debates que logaron resaltar temas como los de la corrupción, la desigualdad y la inseguridad en las ciudades como lunares del actual gobierno y factores que hacen necesario un cambio en la cúpula del ejecutivo. Igualmente, tiene que superar los efectos de sus declaraciones sobre el Polo y Gustavo Petro que generaron bastante inconformidad entre los militantes del PDA y que le puede restar posibilidades de acercar esa votación a su favor. Por último, requiere que sus equipos de trabajo sean más eficaces para movilizar abstencionistas y votantes jóvenes, dado que sigue siendo esta la posibilidad de remontar un resultado que está muy por debajo de lo que le concedían las encuestas.
Comentarios
Creo un poco dificil derrotar la esencia del gamonal sin sombrero, nuevamente el miedo se enseñoreó, y el estado de comfort de la gran mayoría de los colombianos sigue imperando y ocultando la verdadera cara de los problemas que no pasan por desayunos de metralleta y cenas de fusil sino por soluciones mucho menos radicales y más silenciosas.