Norberto Bobbio, en una reflexión sobre la democracia y el secreto dice: "...el poder autocrático no sólo pretende desvelar el secreto ajeno mejor que el poder democrático, sino, cuando es necesario, lo inventa para poder reforzarse, para justificar su propia existencia. El poder invisible se vuelve un pretexto, una amenaza intolerable que debe ser combatida por cualquier medio. Donde existe un tirano, hay un complot, y si no lo hay se inventa. El conjurado es la necesaria figura del tirano." (Norberto Bobbio. Teoría general del la política. Barcelona: Ed. Trotta. p. 434)
Este pensamiento está ligado a reflexiones concretas sobre el stalinismo y otras experiencias de poderes autoritarios. Pero me pregunto si muchas de nuestras complejas realidades cercanas no hablarán de fenómenos similares. De tiranos que inventan a sus enemigos y los magnifican para poder justificarse en sus propias atrocidades. De gobernantes que quebrantan principios elementales de buen gobierno porque su interés -que se ofrece como interés de todos- así lo requiere. Caudillos auto erigidos que se muestran como indispensables para el logro de unos fines que en estricto, son personales.
Tales prácticas ponen en riesgo la libertad. Y, aunque este que no debería ser un principio tan difícil de defender, sin embargo puede uno encontrarse en el camino a muchos que abdican de un derecho así, justificándose en la necesidad de ser eficaces contra el enemigo real o imaginario.
Este pensamiento está ligado a reflexiones concretas sobre el stalinismo y otras experiencias de poderes autoritarios. Pero me pregunto si muchas de nuestras complejas realidades cercanas no hablarán de fenómenos similares. De tiranos que inventan a sus enemigos y los magnifican para poder justificarse en sus propias atrocidades. De gobernantes que quebrantan principios elementales de buen gobierno porque su interés -que se ofrece como interés de todos- así lo requiere. Caudillos auto erigidos que se muestran como indispensables para el logro de unos fines que en estricto, son personales.
Tales prácticas ponen en riesgo la libertad. Y, aunque este que no debería ser un principio tan difícil de defender, sin embargo puede uno encontrarse en el camino a muchos que abdican de un derecho así, justificándose en la necesidad de ser eficaces contra el enemigo real o imaginario.
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