Hoy la alegría nos une alrededor de los recien liberados. Es una auténtica fiesta para ellos, para sus familias, para quienes trabajaron en su liberación y para todo aquel que tenga una mínima idea de la dignidad humana. Dignidad que se ve atropellada por el secuestro. Por eso esta es una fiesta para celebrar la libertad y para avivar la esperanza.
Esperanza por que la libertad abre posibilidades. Da la opción de sanar las marcas físicas y espirituales que deja esta amarga experiencia. Abre la posibilidad de pensar nuestros problemas y alimentar ánimos más constructivos: los recién liberados nos narrarán su tragedia y, si tenemos el oído atento y sin vanidad, sus palabras serán la manera de reconstruir nuestro conflicto, esforzándonos por emprender un camino que supere el circulo vicioso que nos conduce hacia la muerte y la degradación. Los liberados son los protagonistas y su palabra, negada durante tanto tiempo, es un instrumento valioso para exorcizar nuestros demonios.
Enriquecidos por su experiencia, los recién liberados, seguramente sacarán fuerzas para seguir en la tarea de lograr la libertad de todos los que aún permanecen cautivos en la selva, que no se sigan sumando días al infortunio. Es necesario que la libertad de los más renombrados, sea un impulso para lograr la de aquellos que ajustan ya casi 11 años en esta condición y de quienes no conocemos los nombres.
Alegría es el sentimiento de hoy. Compromiso de no olvidar a quienes aun esperan su libertad, es el imperativo hasta que se logre una situación de cero secuestrados.
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