Las campañas políticas son una buena oportunidad para coleccionar frases estúpidas. Los políticos suelen aspirar a la oración ingeniosa y contundente, pero no siempre tienen fortuna. En cambio corren el riesgo de revelar su pobreza mental o un espíritu en ruinas.
Un ejemplo paradigmático de lo primero es Andrés Felipe Arias. Muchas de sus salidas en público son un rosario de sandeces, de ocurrencias indefendibles y de complejos de inferioridad. La conversación que sostuvo la semana pasada durante el trámite del referendo en la Cámara de Representantes con el Secretario de la Presidencia Bernardo Moreno no habla muy bien de él. Mucho menos la rueda de prensa donde justificó la cosa como una humorada en medio de la tensión. Si fue un chiste, fue de mal gusto. En todo caso, en medio del trámite turbio del referendo es razonable sospechar que el contenido de esta humorada persigue como objetivo lograr a costa de lo que sea la permanencia de Uribe en el poder. Todo ello hace muy evidente que la estridencia de un político como Uribito no promete nada bueno. Tal vez lo mejor sea que los ciudadanos se tomen esta candidatura como uno de los chistes malos que hay que soportarse en tiempos de campaña.
Pero también hay frases que revelan el espíritu en ruinas de muchos políticos. Recientemente, el Senador por descarte, Jorge Enrique Vélez advirtió en una entrevista con Fernando Londoño que "si mi muerte contribuye a que Fajardo no llegue a la Presidencia, yo bajaré tranquilo al sepulcro…" No sobra recordar que la frase del libertador que sirve de modelo a esta tosca parodia, apuntaba a un principio de unidad, asunto que esta totalmente ausente de pronunciamiento del exsecretario de Gobierno del Luis Pérez Gutiérrez, quien es un maestro de la cizaña y de la división.
El tosco ingenio del senador revela de manera muy patente el recelo y la iracundia de un coalición política derrotada ya dos veces en elecciones locales de Medellín. Durante la campaña de 2007 los miembros de esta coalición llamada "Todos con Luis Pérez" pusieron en funcionamiento toda su artillería para destruir un proyecto político serio y que ha ido produciendo transformaciones importantes en la ciudad. La movilización de los ciudadanos en las urnas impidió que la maquinaria de desprestigio lograra su objetivo. Algo similar fuera deseable que ocurriera en la campaña presidencial de 2010.
Un ejemplo paradigmático de lo primero es Andrés Felipe Arias. Muchas de sus salidas en público son un rosario de sandeces, de ocurrencias indefendibles y de complejos de inferioridad. La conversación que sostuvo la semana pasada durante el trámite del referendo en la Cámara de Representantes con el Secretario de la Presidencia Bernardo Moreno no habla muy bien de él. Mucho menos la rueda de prensa donde justificó la cosa como una humorada en medio de la tensión. Si fue un chiste, fue de mal gusto. En todo caso, en medio del trámite turbio del referendo es razonable sospechar que el contenido de esta humorada persigue como objetivo lograr a costa de lo que sea la permanencia de Uribe en el poder. Todo ello hace muy evidente que la estridencia de un político como Uribito no promete nada bueno. Tal vez lo mejor sea que los ciudadanos se tomen esta candidatura como uno de los chistes malos que hay que soportarse en tiempos de campaña.
Pero también hay frases que revelan el espíritu en ruinas de muchos políticos. Recientemente, el Senador por descarte, Jorge Enrique Vélez advirtió en una entrevista con Fernando Londoño que "si mi muerte contribuye a que Fajardo no llegue a la Presidencia, yo bajaré tranquilo al sepulcro…" No sobra recordar que la frase del libertador que sirve de modelo a esta tosca parodia, apuntaba a un principio de unidad, asunto que esta totalmente ausente de pronunciamiento del exsecretario de Gobierno del Luis Pérez Gutiérrez, quien es un maestro de la cizaña y de la división.
El tosco ingenio del senador revela de manera muy patente el recelo y la iracundia de un coalición política derrotada ya dos veces en elecciones locales de Medellín. Durante la campaña de 2007 los miembros de esta coalición llamada "Todos con Luis Pérez" pusieron en funcionamiento toda su artillería para destruir un proyecto político serio y que ha ido produciendo transformaciones importantes en la ciudad. La movilización de los ciudadanos en las urnas impidió que la maquinaria de desprestigio lograra su objetivo. Algo similar fuera deseable que ocurriera en la campaña presidencial de 2010.
Comentarios