El 14 de marzo trascurrieron las elecciones parlamentarias en Colombia, efectuándose consultas internas entre Verdes y Azules para agregar dos nombres a la baraja presidencial. Como en toda competencia, hubo estrategias exitosas y otras que equivocaron su rumbo. Aún sin claridad sobre todos los resultados, estamos en la labor de asimilar lo sucedido y comprender sus implicaciones.
El desenlace de las consultas internas es diverso. Por un lado, los Verdes obtuvieron un apoyo significativo –con menos del 50% contabilizado, ya superan los 850.000 votos-, que constituye un éxito notorio. El resultado permite visibilizar el capital político basado en la opinión que tienen este tipo de alternativas, lo cual puede constituir el motor para el arranque en las presidenciales. Es claro que Mockus cosecha una ventaja entre aquellas opciones que se declaran alternativas.
En la orilla conservadora, la consulta puede llegar a constituirse en una catástrofe con altísima votación. Seguramente, en el conteo final se superarán los 2 millones de votos. Pero hay razones para dudar que éste sea el capital político con el que cuentan los azules para la primera vuelta presidencial. Por lo que se sabe, no todo el que votó la consulta lo hizo pensando en que allí estaba su mejor alternativa. Un bloque de electores se movilizó respondiendo a la lógica del “voto en contra”, es decir, elegir entre uno de los contendores para anular la posibilidad del otro. Por eso, no es fácil contar con estos apoyos. Adicionalmente, las estrategias desarrolladas durante la campaña abren la brecha y dificultan la cooperación: las heridas, los agravios mutuos y la desconfianza alimentada entre los seguidores, ponen a prueba el tradicional pragmatismo de los conservadores. Es probable que los líderes lleguen a acuerdos, pero no se asegura que el votante raso de Noemí confíe en Arias y a la inversa. A esto se agrega la demora en el reporte de los resultados. En síntesis, más de un factor produce desconfianza y dificulta la cooperación entre competidores que se espera formen un solo equipo en el futuro. Allí el riesgo es la desbandada hacia cualquiera de los costados, con resultados que son bastante imprevisibles.
Ahora, la votación de Cámara y Senado permite visibilizar algunos elementos llamativos en el comportamiento de políticos y electores. En primer lugar, es evidente que ganaron las candidaturas con mayor fortaleza burocrática. En ellas jugaron un papel preponderante las instancias del gobierno nacional y órganos de gobiernos departamentales y locales, que sirvieron de soporte a las aspiraciones de algunas de las figuras más votadas para Senado y Cámara, sobre todo en el Partido de la U y el Partido Conservador.
No desligado de lo anterior, es evidente que las urnas favorecieron candidaturas que no acaban de despejar sus dudas acerca de la infiltración de poderes mafiosos. El paradigma de esta problemática es el PIN, pero asuntos similares se encuentran en casi todo el espectro de partidos de la derecha. Esto crea las condiciones para que tengamos otra vez un Congreso con desfiles permanentes hacia la Corte Suprema y, eventualmente, reportes de nuevos integrantes de la bancada de políticos en la Picota.
Como ya se sugirió, otro de los ganadores y bajo un signo más esperanzador es el partido Verde. La estrategia de asociar la consulta interna con las listas para el Senado y la Cámara, ayudó a que se produjera un arrastre mutuo. Esto significó, además del golpe de opinión, tener cuatro o cinco curules, que son una ganancia más allá de su número.
Por el lado de quienes salen más damnificados con los resultados y su impacto, podemos sugerir un top tres. Primero, El Partido Liberal, que perdió terreno en Antioquia y en el resto del país, mostrando en parte el efecto de años sin el control de la gran burocracia y con frecuentes desbandadas hacia otros partidos más poderosos. Segundo, la apuesta de Compromiso Ciudadano, cuyo fracaso resulta de una inadecuada comprensión de la mecánica de la competencia. Por ejemplo, su reto consistía en atraer un segmento de electores movidos por las dinámicas de opinión, pero nunca hallaron “la figura” con suficiente talla que pudiera visibilizar esta alternativa, más allá del esfuerzo evidente de Fajardo por empujar los nombres de sus candidatos. A esto se agrega la desfavorable disociación entre “Compromiso” y la ASI, que dificultó que los votos de las listas a la Cámara sumaran automáticamente a la “Selección”. Este resultado es un lastre para las aspiraciones de Fajardo, teniendo en cuenta sobre todo que allí competirá con Mokcus, que arrancó con pie derecho. Por último, el Polo Democrático Alternativo sufrió una reducción significativa de sus curules, lo cual es una pérdida indudable. En su contra jugó tanto la propaganda ejercida por el gobierno nacional en medio de una sociedad muy derechizada, pero también, errores de cálculo y cierto canibalismo dentro del partido, que autodestruyó sus aspiraciones.
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