Para
Colombia, El 2 de octubre, la suerte estuvo echada, no solo por el resultado “apretadamente” desfavorable
a los acuerdos, decisión que bloquea su implementación, sino
porque un número significativo de ciudadanos se quedaron en la casa “echados”,
mientras en las urnas algo jugaba en contra del futuro. De cada 100 personas
habilitadas para votar, 62 no concurrieron a la cita. Y de los que lo hicieron
y marcaron bien la tarjeta, el 50,2% optaron por el NO derrotando la voluntad
de 49,8%. Esto significa que, respecto al universo de potenciales votantes, la
alternativa ganadora fue respaldada por
el 18,4%, mientras que el SÍ aglomeró el 18,3% de los potenciales votantes.
Movilizaciones bastante parecidas y precarias, que hacen sentir –por su
carácter vinculante– a medio país triunfante y al otro medio derrotado y
triste.
No hay
que dejar escapar el significado político de ciertos detalles. Diecinueve departamentos,
a los que se les suma Bogotá y la votación de los residentes en el exterior,
apoyaron mayoritariamente el Sí. Las proporciones oscilaron entre el 50,6% de
Boyacá –polarizada como el país– y el 79,7% del Chocó, que incluye el grito
herido y casi unánime de los ciudadanos de Bojayá. Esta alternativa tuvo
mayorías superiores al 65% en Nariño, Putumayo, Cauca, Vaupés y Chocó, territorios
golpeados fuertemente por las operaciones bélicas. El NO fue marcado
mayoritariamente en 13 departamentos. En este caso, las proporciones fluctúan entre
el 71% de Casanare –con mayorías arrolladoras en municipios como Yopal,
Tauramena, San Luis de Palenque y Trinidad– y el 51% de Arauca dividida por mitades entre
las dos alternativas. Suman además los votos decisivos de Antioquia y el eje
cafetero que, con sus mayorías volcadas por esta alternativa le aportaron el
23,6% a la cifra nacional del NO. Además, en cinco departamentos –tan
significativos como el Valle o Boyacá- la fractura SI/NO reportó un empate
técnico.
Uno de
los factores que facilitó que se impusiera el NO, a pesar de haber ganado en
menos circunscripciones fue, no solo el tamaño de las circunscripciones donde
tuvo sus fortalezas, sino la abstención, que registró sus índices más desbordados
en los departamentos que apoyaron mayoritariamente el Sí. Nueve de ellos registraron
abstenciones entre el 70% y el 80% –como en la Guajira, bastión de Cambio
Radical– y lo otros 11 departamentos –decisivos algunos como Córdoba, Bolívar,
Magdalena y Atlántico– el índice varió entre el 54% y el 69%. Todos ellos
fortines políticos de la coalición gubernamental, incluidos los partidos Cambio
Radical, cuya figura en el poder es el Vicepresidente y el partido de la U,
fundado por el Presidente Santos.
En
contraste, ninguno de los trece departamentos que dieron sus mayorías al NO tuvo
abstenciones superiores al 70%. En general, registraron una concurrencia a las
urna por encima de la media nacional: 9 departamentos –entre los que se
encuentran lugares decisivos como los Santanderes, Cundinamarca y todo el Eje
cafetero– mantuvieron la abstención entre 51% y el 60%; los 4 restantes oscilaron
entre el 61% y el 70%. En estas zonas mas urbanizadas y con facilidades para la
concurrencia a las urnas, calaron más los mensajes en contra de los acuerdos:
la resistencia motivada política o económicamente, el temor infundido –e
infundado– desde las iglesias o grupos ultrareligiosos o la movilización
disciplinada de los apoyos del Centro Democrático. Fue una movilización con
diversos líderes pero con un mensaje unificado, simple y pegajoso.
De esta manera se combinó, en el resultado final, cierta irrelevancia de
la decisión para un 62% de los ciudadanos que no los mueve asuntos de esta
índole, con una votación no apabullante pero eficaz en los departamentos en los
que confluyeron la fuerza política del Centro Democrático, el disgusto con la
gestión del presidente Santos y los miedos de sectores económicos, sociales y
religiosos influyentes, que no ahorraron recursos para movilizar su grey, logrando
bloquear la implementación de los acuerdos.
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