Ir al contenido principal

LAS PALABRAS… NUESTROS MIEDOS

“Aquellos hombres  / predicaban el miedo. / Miedo convulso/ en la lección diaria; / oscuro miedo  / por los corredores / Entre esperma y latín…” (J.A. Goytisolo)


La coyuntura del proceso de paz ha desatado conversaciones y debates acalorados. Unos anclados en sus posiciones, a veces rígidas y a veces razonables, han copado parte del escenario público. Otros, con juicios y miedos de diversa índole, han conversado al amparo de su privacidad sobre la conveniencia o inconveniencia de los acuerdos para la finalización del conflicto entre una guerrilla cincuentenaria y el Estado. Todo esto ha mezclado algunas razones y muchos sentimientos, y ha dado paso a una combinación de información imperfecta y decisiones ya tomadas que buscan su justificación.

La dificultad para entablar un diálogo genuino entre gente que piensa distinto y defiende intereses divergentes, radica en que, respecto a ciertos temas relevantes para la vida, la capacidad de pensar y relativizar nuestras propias posiciones es muy limitada. Esa dificultad se refuerza a menudo con una actitud implacable y una incomprensión sin límites de las posiciones de los demás. De ahí que estigmatizar y descalificar las ideas y los intereses de los otros sin apenas considerarlos sea una práctica tan corriente, una actitud tan familiar entre quienes, socializados en el dogma y ataviados por el espanto que producen las ideas ajenas, ahogan cualquier posibilidad de poner en tela de juicio sus creencias más sagradas, aunque sientan que su defensa vehemente es un obstáculo para conciliar con los demás.

De este modo, actuar como legión buscando protección en el rebaño, ayuda a salvaguardar una fe cuyo mérito radica en la obstinada incomprensión de algunas realidades; fe usada como una coraza que impide engendrar la duda y protege ante cualquier posibilidad de reconsiderar el sentido de un dogma por amor al prójimo. Creencias férreas que han atizado el odio, que impiden el encuentro y el diálogo, cuyo sustrato son la descalificación y el miedo y que dan un portazo ante la más mínima posibilidad de cambiar de rumbo. Así, en un país acostumbrado al odio y a maltratar la oposición, cualquier posibilidad de reconciliación es juzgada como una quimera, ante la que resulta mas cómodo mantener los rencores añejos y conocidos.

Rencores y miedos que sirven de base a expresiones como  castrochavismo o a designaciones como “terrorista”, “guerrillero”, “ateo”, “comunista” o “gay”. Palabras –y miedos– utilizadas para etiquetar prácticas y pensamientos que no coinciden con la creencia común y los intereses económicos, sociales y culturales más fuertes. Lo dramático de la situación es que esta cadena que une la incomprensión con el miedo a cuestionar las propias ideas y agrega la estigmatización como estrategia ante quien piensa distinto, sirve para sostener liderazgos que encuentran su sentido en los llamados a la eliminación de lo diverso, que alientan pasiones viscerales para reforzar el rencor y conservar sus privilegios y que ante cualquier oportunidad de cambiar de rumbo aducen herejías y usan el pánico y la desconfianza como frenos de mano para impedir cualquier avance.

Y no solo hay que pensar en esa triste cofradía del oportunismo y el rencor que forman Ordoñez, Uribe y las palomas de la guerra, sino en las voces y actitudes que ruedan en las calles, en los recintos o en los foros de los periódicos. Gente que grita y agrede, sintiendo que con ello defienden un principio de mayor valía que la dignidad de las personas y sectores sociales contra quienes va dirigida la embestida. Pero en ese trance, el que grita y agrede anula el pensamiento y queda preso de la situación de quien gruñe por miedo, por orgullo o por costumbre.

El odio como móvil y la ganancia paupérrima de poner en evidencia un temperamento brabucón que no le gusta razonar con otras gentes porque supone que sus principios y creencias deben defenderse a empujones contra quienes piensan distinto. Seres acostumbrados al grito y a las verraqueras ancestrales, a quienes les suenan incomodos, desagradables e incomprensibles los mensajes de paz y reconciliación. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

VINDICACIÓN DE UNA CONFLUENCIA

Hay temas de la vida universitaria que pasan muchas veces como inquietudes ocasionales, como objetos de conversaciones casuales o como angustiosas rabietas originadas en las tensiones inherentes a la vida universitaria. En un ambiente así, la  experiencia de un docente –cuyos días están compuestos de horas y horas en el Campus- lo enfrenta a un universo de posibilidades, pero también le señala duras restricciones. Ser conscientes de unas y otras es nuestra responsabilidad y constituye  una condición para seguir sosteniendo este sueño colectivo que es la cultura universitaria. La Universidad es un complejo ámbito de interacciones, compuesto por redes muy variadas que tejen vínculos entre profesores, estudiantes, administradores y usuarios externos. En el corazón de la vida de la Universidad está el cotidiano encuentro entre docentes y estudiantes; las virtudes y defectos más chocantes de la vida universitaria emergen por parejo de dicha interacción y de las restricciones y opo...

LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DIERON SU PRIMERA VUELTA

Con una participación del 49,24% de los ciudadanos habilitados para votar, se cumplió el domingo 30 de mayo la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. Como ya se ha difundido, el candidato Juan Manuel Santos obtuvo el apoyo de 6.758.539 votantes que representan 46,56% de los votos válidos, seguido por Antanas Mockus con 3.120.716 electores, es decir, el 21,49% de los sufragantes. También tuvieron buena figuración Germán Vargas Lleras (10,13%), Gustavo Petro (9,15%). Mientras que los más rezagados fueron Noemí Sanín (6,14%) y Rafael Pardo (4,38%). Los dos primeros candidatos disputaran una segunda vuelta prevista para el próximo 20 de Junio. A ella llegan con el capital político cosechado en la primera ronda y con la expectativa de cómo se moverán líderes políticos y ciudadanos, para confirmar la tendencia ya mostrada o para revertir este resultado. ¿Qué puede decirse de los resultados? Primero, la campaña de Juan Manuel Santos funcionó como una “maquinita”, y el a...

LAS INCERTIDUMBRES DE LA CAMPAÑA PRESIDENCIAL 2010

La campaña presidencial de 2010 está cargada de contradicciones: parece haber comenzado hace una eternidad pero al tiempo produce la sensación de que nunca fuera a arrancar en serio. La incertidumbre persigue la estrategia de casi todos los competidores. Aquellos que están claramente en la oposición al gobierno actual, se han dejado marcar la agenda de discusión a partir de la posibilidad de la reelección presidencial. Quienes se declaran seguidores del presidente Uribe evidencian un síndrome de inferioridad pavoroso; incluso los más fervorosos y acomplejados han insistido en que sus candidaturas son una opción en caso de que aquel quede inhabilitado para competir. Y están quienes han tratado de ubicar sus propuestas por fuera de esta tensión, viéndose obligados a invertir esfuerzos y creatividad –lo que no está mal- en la conquista de auditorios no polarizados, mercancía escaza en tiempos en que muchos invierten en reforzar los sectarismos. El número de quienes compiten no es menor ...